Posteado por: mayapuig | junio 9, 2009

I

Aquella primavera,

en que volvía de París,

conocí a Jorge,

el de semblante feliz.

 

Se aproximó en la cafetería,

de la complutense de Madrid,

receptora de su sabiduría,

me convertí en su aprendiz.

 

Tumbados sobre la hierba,

escuchando a Debussy,

juntó sus labios a los míos,

y me hizo emperatriz.

 

Me escribía poemas,

cocinaba para mí,

cada vez que me enfurecía,

me daba la razón a mí.

 

Cuando dejó de sentirse enamorado,

ya no me quería y era el fín,

así me abandonó Jorge,

dejándome herida y cicatriz.


Responses

  1. Escribí este poema sin ningún miedo a que pareciera demasiado sencillo.

    Todo lo que cuenta es real, lugares y sentimientos, excepto el nombre del amado que lo he cambiado.

    En cuanto a la forma elegida puede resultar incluso graciosa, la rima al final de los versos con el sonido i me recuerda al poema Annabel Lee de Edgar Allan Poe. Quería hacer un poema con mucha musicalidad, aunque produjera risa.

    • Ohhhhhhh, q bonito y q triste a la vez. No tienes ninguna dificultad en expresar tus sentimientos, eso no lo tiene todo el mundo tia! Yo no sería capaz


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