Con tu entrega, me fortaleces,
mis manos llenas de frutos,
mi pecho respira plácidamente,
ahora que estamos juntos.
Nos unió la agonía,
el placer de ser dos,
la muerte que podría llegar,
y la herida de la reflexión.
Festejemos la alegría,
coronándonos con laurel.
Copiosa cena degustaremos,
entrecotte con pimienta,
patatas a la campesina
y una copa de aromático Rioja.
Removeremos la tierra,
plantaremos alhelíes,
radiaremos calor,
lloraremos de alegría.
Al anochecer nos cerraremos,
como hacen las campanillas.
Acariciaré tu cuerpo,
con aceite de lavanda,
me darás la miel de tus labios,
no habrá miedo en las palabras.













